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[EXO-fic / TRAD] Subversión - Capítulo 1: Defecto

¡ODIO LIVEJOURNAL! Después de mil millones de horas luchando contra él, por fin he podido poner el capítulo. Eso sí, sacrificando sangrías >_<
Bueno, aparte de eso... ¡POR FIN! Sé que he tardado siglos en traducir este capítulo. Espero no tardar tanto con el 2º (que es también el último). He intentado ser lo más fiel posible al original, así que espero que os guste :3 Y ahora, ¡a leer!




SUBVERSIÓN
Capítulo 1 – Defecto
defecto
s. m.
1. Imperfección física o moral.
_________________________

Títeres.

Ese es el nombre dado a los humanos que se comercializan de forma legal y con la aprobación del Gobierno. Son seres humanos vendidos a un precio elevado sólo para aquellos que están dispuestos a pagar miles de dólares por un ser vivo que los obedecerá en cuerpo y alma.

Los títeres son seres humanos, pero no se les considera personas. No tienen derechos, ni voz ni voto y no deciden su propio futuro; son moldeados para seguir normas y obedecer las órdenes, voluntades, deseos y peticiones de sus futuros dueños. Son como productos de carne y hueso, que actúan según lo que se les ordena.


La mayoría de los títeres nacen dentro de los pequeños laboratorios que hay en los campos de entrenamiento, a partir de mujeres a las que se les paga para que se sometan a una fecundación in vitro para dar a luz a humanos que nacen con el único propósito de ser comercializados. Pero también hay algunos bebés y niños que son abandonados o vendidos por sus propios padres a estos campos de preparación, donde son criados y entrenados durante toda su infancia y adolescencia para un único propósito: el placer de sus dueños.

Los niños son instruidos y educados para actuar siempre de la forma más perfecta posible; se les enseña a hablar los cinco principales idiomas de la sociedad, a hacer cuentas matemáticas (desde las más sencillas a las más complicadas), se les instruye en arte, geografía, historia general e incluso en nociones básicas de química y física. A los títeres no se les enseña filosofía porque no han sido creados para pensar en sus derechos usurpados, sino para obedecer.

Los títeres también reciben otros entrenamientos específicos según el tipo de producto que vayan a ser. Existen diversos grupos, aunque los más comunes son los Títeres Caseros: los más demandados, que sirven para cuidar el hogar e incluso a los niños; como si fuesen un empleado permanente sin derecho a recibir un salario a cambio.

El otro grupo común es aquel al que se le enseña a manejar armamento. Son los llamados Títeres Soldado, y están creados exclusivamente para servir al Gobierno, que paga millones por pequeños ejércitos de productos entrenados para salvar así la vida de humanos, considerados personas, en las guerras. Ese grupo es el único al que se le enseña a matar; a aceptar y obedecer órdenes directas que piden la muerte de alguien. A los demás títeres se les enseña a ignorar instantáneamente las órdenes de sus dueños que puedan causar riesgo de muerte a las personas.

El otro grupo común de títeres es uno de los más requeridos por los compradores: los Títeres Sexuales. Estos, al cumplir los catorce años, comienzan a recibir instrucciones sobre formas más íntimas de proporcionar placer a sus futuros dueños: el placer corporal. Se les entrena para saber cómo proporcionar placer intenso y cómo no esperar respuesta alguna en sus propios cuerpos, ya que sus futuros dueños no tienen la obligación de proporcionarles ningún tipo de sensación agradable, pero sí al contrario.

A los títeres no se les considera personas; son como seres humanos entrenados para ser perfectos, con el único objetivo de ser comercializados y vendidos a personas con mucho dinero que quieren disfrutar de la compañía de alguien que las obedecerá sin pestañear.

Bonifrate.

Este es el nombre que se les da a los títeres defectuosos. Seres humanos que por algún motivo no cumplen con el nivel de «perfección» deseado por sus entrenadores y futuros dueños. Bonifrate es la clasificación que se les da a aquellos que tienen algún defecto físico, psicológico o emocional. La mayoría queda descartada para que no causen problemas, pero los que permanecen porque apenas tienen defectos leves se venden a precios más bajos a compradores que no tienen tanto dinero como para comprar un títere perfecto.

A los bonifrates se les entrena, al igual que a los títeres, para obedecer a sus dueños y proporcionarles placer en todos los niveles posibles. Pero, dado que son defectuosos, su misión puede no estar garantizada al 100% por sus vendedores. Algo que aparentemente no supone un problema para quienes tienen poco dinero y aun así quieren un humano para considerarlo propio.
̽  ̽  ̽

Sehun y Jongin eran buenos ejemplos de personas a las que no les importaba adquirir un títere defectuoso. Ambos eran compañeros de trabajo, de facultad y, además, compartían un mismo apartamento en la ciudad en la que vivían y se ayudaban mutuamente con los gastos.

En realidad, ninguno de los dos sabía mucho sobre los títeres (sólo lo que veían en los anuncios de televisión), hasta que uno de los directores de la productora en la que trabajaban se compró uno y comenzó a llevarlo al trabajo para que le ayudase con las tareas. Sehun y Jongin quedaron embelesados con aquella figura alta y hermosa con un collar ajustado al cuello, liso y con un pequeño panel digital en el que aparecían su nombre y el nombre de su dueño.

Sehun y Jongin deseaban cada vez más un títere, así que decidieron juntar dinero para conseguir lo que querían en menos tiempo. Ambos tardaron casi un año en conseguir recaudar la cantidad mínima para comprarse uno; aunque el dinero que tenían no fuese todavía suficiente para poder adquirir un títere perfecto.

—Compremos un bonifrate. —Sehun propuso la idea mientras ambos miraban los catálogos de títeres en el portal de ventas de la gran empresa responsable de la comercialización de los seres humanos perfectos—. No tenemos tanto dinero como para comprarnos uno de esos títeres en perfecto estado...

—Aunque quisiéramos un bonifrate, todavía nos falta dinero... —murmuró Jongin mientras observaba las fotos de los títeres caseros del catálogo de los más baratos—. Cielos, cada mes son más caros... Incluso los más baratos cuestan más de lo que podemos permitirnos. Será mejor ir directamente al catálogo de los bonifrates. Echemos un vistazo.

En cuestión de segundos, el catálogo de los defectuosos estaba abierto pero, al contrario de los catálogos de los productos perfectos, los catálogos de los bonifrates no iban acompañados de fotografías. Tan sólo una lista de nombres con la que los compradores elegían aleatoriamente cuál comprarían. El precio de los bonifrates estaba a su alcance pero, aun así, faltaba una pequeña cantidad de dinero.

—Pago yo —dijo Sehun—. Yo pago lo que falta, pero no aguanto tener que esperar más para comprar un títere. Estoy harto de ver a los demás comprándoselos y nosotros teniendo que soportar a todos hablando de lo perfectos que son.

—Pero si compramos un bonifrate no vendrá perfecto. Lo sabes, ¿no? —preguntó Jongin cuando vio que Sehun ya estaba eligiendo aleatoriamente un nombre que le agradaba en la lista.

—No me importa. No puede ser tan horrible —murmuró Sehun sin prestar mucha atención a lo que decía, mientras pasaba el cursor del ratón por encima de un nombre en particular—. ¿Qué opinas de éste? Creo que el nombre es bonito y podemos comprarlo. Es más caro de lo que habíamos acordado, pero tengo unos cuantos ahorros que mis padres me dieron hace unos meses por si se presentaba alguna emergencia.

Jongin asintió con una sonrisa adornando su rostro cuando Sehun hizo click en el cuadro de texto que decía «Comprar Bonifrate» sin leer siquiera los términos del contrato, ya que su ansiedad podía más.

En pocos segundos ya habían hecho el pago mediante transferencia y ya habían comprado a su humano. A su producto. A su muñeco.

Luhan llegaría en pocos días.

̽  ̽  ̽

Sehun y Jongin no esperaban que Luhan llegase tan pronto.

En realidad, ambos estaban ansiosos a la espera del humano que habían comprado, pero en el momento en el que el interfono sonó y una voz grave les comunicó que estaba frente del edificio en el que ambos vivían, con el bonifrate a su lado, los dos se estremecieron.

Hasta ese momento ninguno de los dos se había parado a pensar cuál sería el defecto de Luhan. ¿Y si se trataba de un defecto físico? ¿Y si el bonifrate que habían comprado con tanto esfuerzo, gastando hasta el dinero que no podían gastar, fuese deforme? Sehun y Jongin pensaban en la misma posibilidad. Ambos tragaron saliva, nerviosos, y bajaron las escaleras con paso ligero hasta la planta baja, donde el repartidor los esperaba con Luhan.

Hasta abrir la puerta principal, doble, que revelaría la figura del ser humano que ambos habían comprado, Sehun y Jongin estaban nerviosos. Incluso el portero, que permanecía sentado en una pequeña mesa en el bajo, miraba hacia la puerta con ojos muy abiertos, entusiasmado porque había escuchado lo que el repartidor había dicho al interfono y sabía que vería por primera vez un bonifrate en persona.

La puerta se abrió.

Sehun y Jongin contuvieron la respiración, sin saber qué decir o cómo expresar lo que veían. Frente a ellos estaba un repartidor, vestido con traje verde y una visera con el símbolo de la empresa responsable de crear a los títeres. Llevaba en la mano un portapapeles y masticaba algo con la boca, lo que provocaba ruidos irritantes. Pero Sehun y Jongin ni lo miraban... La mirada fascinada de ambos estaba clavada en la figura que permanecía de pie al lado del repartidor.

Luhan era hermoso.

Todas las dudas y miedos repentinos que embargaron a los dos compañeros de apartamento se disiparon en cuanto sus ojos quedaron capturados por la figura de cabello rubio y piel clara. Luhan era más bajo que los dos, y sus ojos eran serios, fríos... Tenía la boca contraída, como si estuviera enfadado; pero, aún así, era hermoso.

Sehun y Jongin estaban demasiado embelesados como para prestar atención a lo que el repartidor había comenzado a decir. El hombre les estaba explicando algo que ninguno de los dos escuchaba siquiera. Jongin simplemente asentía a lo que el repartidor les decía y firmó el portapapeles, mientras Sehun ni se molestó siquiera en hacer eso.

Cuando el hombre se fue, ninguno de los dos amigos pudo resistir la tentación de envolver la mano de Luhan y llevárselo a su apartamento lo antes posible. Era evidente la mirada curiosa del portero que se posó sobre ambos y los dos amigos sintieron que los celos traspasaban sus poros; querían proteger a Luhan de la mirada de cualquier persona que no fuera la de ninguno de los dos.

Por fin Sehun y Jongin habían comprado a Luhan. Y el bonifrate sólo les pertenecía a ellos.


Al llegar al interior del apartamento, ambos amigos hicieron que Luhan se sentase en el pequeño sofá de la sala y comenzaron a observarlo mientras conversaban entre ellos, curiosos y felices porque Luhan, aparentemente, era perfecto.

—¿Cómo puede ser un bonifrate? —preguntó Jongin, confundido pero entusiasmado.

—¿Puede ser que se hayan confundido y nos hayan entregado un títere perfecto? —preguntó Sehun, más para sí mismo que para su amigo, todavía encantado con la figura que tenía delante de sus ojos.

Luhan permanecía sentado, con las piernas unidas y ambas manos posadas sobre las rodillas. Su ropa parecía común y podría considerarse una persona normal si no fuera porque llevaba en el cuello un collar plateado, pegado a su piel. Era un collar que tanto los títeres como los bonifrates tenían la obligación de usar al cumplir los dieciocho años y alcanzar la edad en la que son susceptibles de ser vendidos.

—¿Cuál será su defecto? —murmuró Sehun mientras miraba a Jongin, quien permanecía en silencio tratando de descubrir cuál podría ser el problema que escondía aquella figura de pelo rubio que se hallaba sentado frente a él.

Una voz suave sacó a ambos jóvenes de su ensimismamiento.

—No habléis de mí como si yo no estuviese aquí —pidió Luhan, irritado, y ambos muchachos lo miraron—. Sí, soy un títere defectuoso. Así que sí, soy un bonifrate.

La voz de Luhan era calmada, melodiosa, y combinaba perfectamente con su rostro fino, sus labios ligeramente carnosos y su expresión delicada. El bonifrate sonrió al percibir que sus nuevos dueños parecían estar hipnotizados, ya que no mostraban reacción alguna a lo que acababa de decir.

—Tenéis que introducir el nombre de mi dueño en mi collar —dijo Luhan, estirando una de las comisuras de su boca y transformando su sonrisa, antes cariñosa, en una sonrisa sarcástica—. Ni siquiera habéis abierto el libro de instrucciones, ¿verdad?

Sehun y Jongin parecían avergonzados por lo que Luhan había dicho. Era cierto que se habían olvidado completamente del libro de instrucciones y ni siquiera sabían cómo comportarse con su nuevo juguete.

—¿Veis esta pantalla de aquí? —preguntó Luhan mientras señalaba la pequeña pantalla táctil que había en la parte frontal de su collar—. Tenéis que introducir la contraseña que aparece en el libro de instrucciones y, a continuación, el nombre del que será mi dueño.

—Pero ambos somos tus dueños —dijo Jongin, confundido, mientras Sehun echaba una rápida ojeada al libro de instrucciones.

—El manual lo dice claramente: sólo se puede introducir un nombre en mi collar. —El bonifrate parecía estar divirtiéndose con las expresiones atónitas que ambos jóvenes le dedicaban—. Después de insertar el nombre, esa persona será «oficialmente» mi dueño.

Jongin y Sehun discutieron durante unos minutos cuál de los dos nombres debía insertarse, ya que ambos habían pagado y ambos querían ser los dueños de Luhan. Jongin al principio quería que fuese su nombre ya que era el mayor y él era quien tenía la última palabra, pero Sehun intervino y le recordó cómo habían pagado el bonifrate. Sehun había pagado la mayor parte gracias al dinero que sus padres le habían dado. Por lo tanto, se podría considerar que él era «más dueño de Luhan que Jongin».

—Mi nombre es Oh Sehun —dijo el joven de cabello del color del caramelo, mientras introducía la contraseña en el collar de Luhan—. Pondré aquí mi nombre, pero Jongin también es tu dueño. ¿Entendido? Te compramos juntos y serás nuestro; de los dos.

—Entendido —murmuró Luhan, pero con una minúscula sonrisa sarcástica dibujada en sus labios.

—Yo me llamo Jongin. ¡Encantado! —dijo el muchacho de piel más oscura y cabello negro, sonriendo, mientras observaba a Sehun activando el collar de Luhan—. Nos costó mucho poder comprarte, ¿sabes? ¡Estamos muy felices de tenerte y queremos que te sientas como en casa!

Luhan no respondió. El bonifrate observaba atentamente las pequeñas arrugas que se habían formado en la frente de Sehun mientras éste marcaba la contraseña en la pequeña pantalla del collar, pensando en cómo había ido a parar allí.

Luhan había nacido fuera de los campos de entrenamiento de títeres. En sus pensamientos más profundos aún había vagos recuerdos de su vida antes de que sus padres lo hubieran vendido como si fuese un objeto sin valor. No es que eso importase, ya que dentro de los muros de aquel lugar Luhan se fue olvidando poco a poco de que un día había sido una persona normal. Había sido entrenado en contra su voluntad, sufrido un intenso lavado cerebral y sido tratado como el resto de aquellos seres creados in vitro.

No es que hubiera sido precisamente divertido vivir en aquel lugar, y Luhan llegó a pensar que sería descartado. Ya había visto con anterioridad que a muchos los conducían a las cámaras de gas para ser eliminados, por tener un defecto tan grave que sería inaceptable en cualquier títere. Pero el destino, contradiciendo todas las teorías de lo que podría haber ocurrido al muchacho, hizo que los dos jóvenes comprasen a Luhan, y ambos parecían demasiado encantados con su presencia como para percibir lo que decían los ojos del bonifrate.

—Bienvenido a la familia, Lu —dijo Sehun mientras presionaba el botón de «enter» que apareció en la pantalla del collar que Luhan llevaba pegado al cuello. Los ojos del títere defectuoso se oscurecieron durante unos segundos mientras el collar, conectado a su sistema nervioso, transmitía la información que Sehun había introducido.

Nombre del títere: Luhan | Número de serie: 200490
Dueño: Oh Sehun
Fecha de inicio: 3100 / 06 / 02

Luhan pestañeó varias veces mientras la información era bombeada hasta su cerebro, la cual le recordaba su propio nombre y el de su dueño. Lo que le habían enseñado en el campo de entrenamiento, cómo actuar y seguir las órdenes de su maestro, también bombardeaba sus pensamientos. Pero el bonifrate sonrió mínimamente mientras suspiraba, aliviado por tener un defecto que lo libraba de comportarse como un ser sin emociones, creado sólo para obedecer.

—Aquí dice que tienes que pedírselo para que Luhan se presente, Sehun —murmuró Jongin mientras leía el pequeño manual de instrucciones.

—Claro —Sehun suspiró, animado—. Preséntate, Luhan.

El bonifrate sonrió de forma casi mecánica.

—Nombre: Luhan. 26 años; número de serie: 200490. Títere producido por la empresa «M», líder mundial en creación y entrenamiento de títeres de todo tipo para el bien y la comodidad de la sociedad humana. —La sonrisa forzada fue en aumento poco a poco, mientras el humor del muchacho-producto mejoraba—. Dueño: Oh Sehun; estudiante de la Universidad Estatal, 22 años. Inicio del modo obediencia el 02 de junio de 3100.

Jongin y Sehun se miraron el uno al otro y sonrieron al ver que todo parecía estar en orden. Pero Luhan siguió hablando, aun cuando la orden enviada a su cerebro desde el collar electrónico le obligase a guardar silencio y a esperar a que su dueño se manifestase y le diese nuevas órdenes.

—Clase de títere: sexual. Entrenados para proporcionar placer de la forma que el dueño desee —dijo Luhan mientras levantaba una ceja. El joven parecía divertido al ver que los jóvenes que lo habían comprado abrían la boca, sorprendidos.

Sehun y Jongin no tenían ni la más mínima idea de lo que acababan de comprar.

—Como sabréis, habéis comprado un títere con un defecto, por así decirlo. Un bonifrate —dijo Luhan mientras levantaba ligeramente el mentón y cerraba un poco los ojos, para acabar su discurso con una media sonrisa. Clase de defecto: desobediencia.
̽  ̽

Luhan tenía el peor defecto que un títere podía poseer: desobediencia.

Las órdenes que su collar electrónico transmitía llegaban hasta su cerebro pero, al contrario de los títeres no defectuosos, Luhan no las obedecía. El joven conseguía luchar contra el pequeño sistema electrónico proyectado en su interior, de carne y hueso, e ignorar órdenes y desobedecer hasta incluso las normas más estrictas.

Al principio Sehun y Jongin, sus nuevos dueños, no podían creer o simplemente no entendían la gravedad de la situación. Sehun pidió a Luhan que se levantase y éste se negó a hacerlo, diciendo que estaba cansado por culpa del viaje hasta llegar a donde vivían.

Los dos dueños del apartamento no dieron importancia al problema que tenían frente a ellos y respetaron el deseo del títere defectuoso, cuando, en realidad, los títeres no deberían sentir deseos, sino atenderlos.

Le permitieron caminar con libertad por el apartamento como él quería y no le dieron ninguna orden directa durante unos cuantos días. Sehun y Jongin conversaban con él, le mostraban algunas cosas que Luhan no entendía para qué servían, le contaban cosas sobre sus vidas o su jornada de trabajo, etc. pero siempre evitando preguntarle qué sucedía dentro de los campos de entrenamiento. Al fin y al cabo, Sehun y Jongin no eran idiotas y sabían que aquellos lugares que los dueños de las empresas responsables de la creación de los títeres denominaban «paraíso» seguramente eran, en realidad, prácticamente campos de tortura. Los dos amigos se sentían bien por haber comprado a Luhan, ya que además de tener una nueva compañía y poder presumir de él en sus trabajos, se sentían orgullosos por haber sacado al joven de aquel lugar que no les parecía agradable.

Pero Luhan no pensaba como ellos.

Para el bonifrate, aquella era una oportunidad para vivir como un ser humano normal. Ignorando el hecho de que existiera un collar en su cuello que le daba órdenes. Ignorando a sus nuevos dueños e incluso pensando en huir de ellos cuando llegase el momento para poder, al fin, dejar de ser considerado un producto.

—Luhan, ¿me traes un vaso de agua? —pidió Jongin mientras jugaba a un videojuego.

—Cógelo tú —respondió Luhan con ironía, acostado en el sofá, con la cabeza recostada en el regazo de Sehun, quien jugueteaba con su teléfono móvil.

—Luhannie... No le hables así a Jongin. Obedécele, ¿entendido? —pidió Sehun y el bonifrate levantó la vista para dedicarle una mirada dulce—. Y no me mires así, Luhan... Lu...

Siempre era así. Luhan siempre se negaba a hacer cualquier cosa que Jongin le pidiese, y usaba a Sehun para evitar obedecer sus peticiones.

—Pero se está tan cómodo aquí... —la voz de Luhan sonó casi como un gemido, y se acurrucó todavía más en las piernas de su dueño, como si fuese un animalito herido.

Sehun tragó saliva, incapaz de llevarle la contraria.

—Jongin, ve tú a por el vaso de agua, que Luhan está cansado. Ayer se acostó tarde.

Hacía casi un mes que Luhan estaba en el apartamento con los dos jóvenes y tenía que admitir que no se estaba tan mal allí. Huir seguía siendo su plan principal, pero era divertido (no podía negarlo) ver tanto a Sehun como a Jongin intentando captar su atención. Parecía que ambos se perdían en su mirada cada vez que hablaban con él y, además, era innegable el hecho de que a ambos les encantaba tocarlo, aunque fuese sólo para cogerle la mano mientras veían la televisión.

Era casi una tradición que cuando los tres se sentaban en el espacioso y cómodo sofá para ver alguna película, Luhan se sentaba en medio de los dos, sonriendo dócilmente y fingiendo inocencia.

Pero lo cierto era que el bonifrate no era nada inocente.

Luhan se reía para sus adentros cada vez que apartaba su mano de Jongin y, en cambio, aceptaba la de Sehun sobre la suya. El títere defectuoso se divertía susurrándole a Jongin que Sehun era su dueño y que él no tenía derecho a tocarlo cada vez que el más moreno se aproximaba a él.

Porque Jongin no era tonto. Sabía lo que hacían Sehun y Luhan en el dormitorio del primero. Porque era verdad que Luhan tenía un cuarto solo para él, pero todas las noches, cuando se apagaban las luces, Jongin escuchaba pasos y sabía lo que ocurría.

El moreno incluso había ido una vez al cuarto del bonifrate, con la intención de disfrutar de sus habilidades, pero se encontró con el cuarto vacío. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Luhan no sólo lo despreciaba y lo desobedecía, como también desobedecía a Sehun, pero al menos dejaba que éste último lo tocase.

—Yo también colaboré para poder comprarte —dijo Jongin una noche de la tercera semana de Luhan viviendo en el apartamento, mientras acorralaba al bonifrate contra la pared del pasillo después de que éste hubiera salido del baño usando una camisa de Sehun como si fuera un camisón—. También eres mío y si permites que Sehun te toque, ¿por qué no puedo hacerlo yo?

—Lee el nombre que está escrito en mi collar —pidió Luhan, con desdén, mientras empujaba ligeramente al más alto para que pudiese observa el nombre escrito con letras pequeñas en la pantalla táctil—. ¿Te llamas Oh Sehun, tal y como está aquí escrito? No, creo que no. Entonces no te debo nada, Jongin. Déjame en paz.

Siempre igual. Cada vez que Jongin intentaba algo, Luhan lo apartaba y Sehun no es que hiciera mucho para que la situación cambiase, ya que el bonifrate ignoraba las órdenes que éste le daba, usando su defecto como excusa y su rostro angelical para conseguir aquello que quería.

Luhan disfrutaba la situación que estaba viviendo. Sehun le daba todo lo que quería y el bonifrate se divertía viendo la expresión irritada de Jongin cada vez que lo rechazaba.

A Sehun le gustaba la situación porque Luhan lo perseguía por toda la casa como si fuese una mascota, entrelazaba sus dedos con los suyos o le suplicaba cariño cuando estaban en silencio. Incluso iba hasta su cuarto con la excusa de que tenía frío y que allí se sentía mucho mejor que en los campos de entrenamiento.

Jongin empezaba a odiar lo que estaba ocurriendo. En cierto modo se sentía traicionado por su amigo, ya que no le ayudaba a conquistar al bonifrate o, por lo menos, no le daba órdenes más severas para que Luhan le obedeciese. Además, Luhan parecía provocarlo con miradas traviesas cada vez que abrazaba a Sehun y parecía caminar desnudo a propósito por el apartamento cuando ambos estaban solos y no «sin querer» como alegaba, con la excusa de que creía que estaba solo.

Luhan había sido entrenado para seducir. Y eso era exactamente lo que hacía con sus dueños. Sehun era el más joven y, hasta cierto punto, inocente. Trataba a Luhan como si fuera a romperse en cualquier momento, como si fuera el objeto más precioso que poseía. Jongin, en cambio, lo trataba como lo que era: un producto que debía obedecer, pero que siempre se escabullía de entre sus dedos y huía de su contacto.

Jongin al principio trataba a Luhan como un miembro más de la familia, pero su indiferencia lo estaba irritando demasiado y, de una forma u otra, quería vengarse de él.

Y, cuando Jongin creía que Luhan no podría provocarlo más, se dio cuenta de hasta qué punto estaba equivocado.

̽  ̽  ̽

Jongin llevaba ya muchos minutos en el baño, tratando de sacarse la irritación del cuerpo con una larga ducha. El agua caliente descendía por su delgado cuerpo mientras los pensamientos rondaban su mente. Pensamientos de lo que le gustaría hacer a Luhan; de lo que haría con él si seguía rechazándolo.

Lo que más irritaba al moreno era que el propio Sehun se había alejado de él. No era ningún secreto que ambos tenían un romance y que no sólo compartían el apartamento, sino también la cama en repetidas ocasiones. Pero desde que Luhan había llegado, Sehun parecía haberse olvidado de lo cálida que era la piel de su compañero y de lo placenteras que eran sus caricias.

Jongin se sentía solo y muy necesitado... Tenía deseos y le costaba mucho controlarse cuando había dos personas como Sehun y Luhan en el mismo apartamento.

Jongin estaba cansado.

Después del baño, el moreno cerró el grifo, se secó con rapidez, torpemente, y se enrolló la toalla alrededor de la cintura para poder salir andando por el apartamento sin incomodar a nadie con su desnudez. Aunque no es que alguien fuera a sentirse incómodo con la desnudez de Jongin, y mucho menos los dos jóvenes que estaba en la sala, sentados en el sofá.

El corazón del muchacho de cabellos negros dio un vuelco cuando sus pies pisaron el suelo de la sala de estar. Su boca se abrió pero ningún sonido salió de ella mientras sus ojos, abiertos como platos, observaban la escena que se desarrollaba ante sus ojos.

Sehun gemía en voz baja. Tan baja como podía. Al contrario de Luhan, quien pronunciaba el nombre de su dueño entre gemidos largos y sufridos, mientras se mordía el labio inferior con fuerza y fruncía la frente, quién sabe si a causa del dolor o por el placer que sentía.

Jongin no podía creer lo que veía cuando sus ojos capturaron la imagen de Sehun sentado en el sofá, sujetando con firmeza la pequeña cintura de Luhan para ayudarlo a moverse sobre él. Las mejillas del moreno ardían de vergüenza por estar observando sin pudor alguno a dos personas en un momento tan íntimo. Pero nadie les había mandado tener sexo en la sala, ¿no?

Luhan apoyaba las rodillas en el acolchado del sofá, una a cada lado del cuerpo de Sehun, y parecía sufrir espasmos en cada momento mientras descendía y ascendía a lo largo del miembro de Sehun, que desaparecía en el interior de su cuerpo.

—Hunnie... Sehun... —llamaba Luhan débilmente, con las mejillas coloradas y los labios separados; la saliva se escurría hacia afuera sin ningún esfuerzo y el muchacho de cabello rubio se la lamía con ansia mientras le mordía los labios y apretaba su cuerpo con posesividad.

Jongin observaba fijamente, de forma casi obsesiva, cómo el miembro de Sehun desaparecía dentro de Luhan repetidas veces mientras el más pequeño se movía ayudado por él, gimiendo su nombre y tirándole del cabello para besarlo una vez más. El corazón del moreno bombeaba sangre a toda velocidad y ni siquiera percibió que su propio bajo vientre hormigueaba, excitado por la visión que tenía.

—O... oíd.... —llamó Jongin, desviando ligeramente la mirada y luego volviendo a clavarla en los dos jóvenes que estaban en el sofá—. No teníais un lugar mejor para hacer esto, ¿no?

Sehun se sobresaltó y gimió en voz alta cuando Luhan comenzó a montarlo más rápido, haciendo que se centrase en lo que hacían.

—De...detente, Luhan —pidió el más alto, aunque su cuerpo implorase que Luhan siguiera moviéndose encima de él.

—No —respondió el bonifrate, travieso. Una sonrisa adornaba su rostro cuando sus ojos, cuyas pupilas estaban completamente dilatadas, se cruzaron con los de Jongin, que parecían nerviosos—. Ni yo quiero parar ni tú tampoco, ¿verdad, Sehun-ah?

Jongin tragó saliva. Luhan lo miraba con una media sonrisa mientras sus caderas seguían moviéndose sobre Sehun. Sus ojos se cerraban de vez en cuando y los gemidos salían inconexos de su boca, lo cual enfadaba todavía más a Jongin.

Lo excitaba aún más.

—Te ayudé a comprarlo, Sehun. ¿Pero qué gano yo con eso? No sólo me ignora él, sino tú también —dijo Jongin, irritado, tratando de calmar la palpitación de su bajo vientre.

Sehun sujetó con firmeza la cintura de Luhan y lo obligó a dejar de moverse. El rubio protestó con gemidos, pidiéndole que no parasen, pero Sehun no lo obedeció.

—Perdón, Jongin, no sé... —murmuró Sehun, evitando mirar a su amigo a la cara— no sé qué me ocurrió. Estábamos mirando la televisión cuando noté...

—Me voy a mudar de apartamento —dijo Jongin sin pensar; tras eso, se giró sobre sus talones y se fue en dirección a su cuarto.

—¡Espera, Jongin! —al contrario de lo que pensaba el moreno, no fue Sehun quien lo había llamado, sino Luhan—. Vuelve, Jongin... —el bonifrate lo llamó una vez más y el joven lo miró.

Luhan seguía con Sehun dentro de su cuerpo y se movía lentamente, aun con las manos grandes del más alto impidiendo que se moviese libremente. El rubio le dirigió una sonrisa al muchacho que seguía de pie y giró la cara para mirar a aquel con el que estaba teniendo sexo.

—Sehunnie... no quiero que Jongin y tú discutáis... —dijo Luhan con voz suave y un mohín en los labios, fingiendo tristeza—. Tengo una idea para que no volváis a discutir nunca más...

Sehun arqueó una ceja cuando Luhan se aplastó contra él y le empuñó el pelo mientras acercaba los labios a su oído. Jongin observaba a ambos con incredulidad mientras veía a Luhan moviendo sus caderas discretamente sobre el miembro de Sehun, hasta lograr arrancarle suspiros.

—No, Lu... —gimió Sehun mientras Luhan susurraba contra su oído.

—Por favor, Hunnie... —murmuró Luhan, sentándose con violencia sobre el falo pulsante de Sehun, quien gimió en voz alta al sentir el interior del bonifrate contrayéndose a su alrededor.

Sehun apenas había murmurado un débil «sí» cuando Luhan se levantó de encima de él, abandonando el miembro de su dueño y levantándose con dificultad para empezar a caminar, sin pudor alguno por estar desnudo, hasta donde se encontraba Jongin.

—Ven, Jongin... —pidió Luhan mientras cogía la mano del moreno por voluntad propia por primera vez desde que había llegado al apartamento.

Aquella era la primera vez que el joven de piel bronceada y cabello negro veía por completo la pálida piel del muchacho rubio que había comprado. Luhan era aún más hermoso de lo que Jongin podría siquiera llegar a imaginar... Su cuerpo era delgado y casi sin curvas, con la musculatura perfecta y uniforme. Tenía un tatuaje en el hombro izquierdo, una secuencia de números dibujados en color oscuro sobre la piel blanca, creando un patente contraste.

El número de serie que probaba que Luhan era considerado por la sociedad como un simple objeto.

—No debes tenerme miedo... —murmuró Luhan con voz dulce mientras estrechaba la mano del más alto entre la suya—. Ven conmigo...

Todo el cuerpo del más alto se estremeció con el mero contacto del rubio. La suave mano de Luhan lo envolvió, apretándolo ligeramente con sus finos dedos, y lo condujo hasta cerca del sofá sin que Jongin se resistiera. Parecía perdido en sus pensamientos, hasta que el menor soltó su mano y se sentó sobre la pequeña mesa de vidrio colocada en el centro de la sala de estar, frente al sofá.

—Podéis empezar... —dijo Luhan, animado, con un deje de diversión en la voz.

—¿Cómo? —preguntó Jongin, mirando a Luhan sin entender nada. El bonifrate alzó la ceja en señal de respuesta. Su cuerpo se estremeció, pero esta vez a causa del roce de su compañero de apartamento.

—Luhan dijo que si empezamos, quizá se anime y deje que lo toques, Jongin... —murmuró Sehun mientras deslizaba sus dedos por el rostro de su amigo—. Quieres que Luhan permita que le toques, ¿no? Y también me quieres tocar a mí, ¿verdad?

Los labios se rozaron ligeramente, en una caricia tímida, mientras Luhan observaba a los dos amigos, muy próximos el uno al otro.

—Pero es él quien debería obedecernos a nosotros, no nosotros a él... —trató de decir Jongin, pero sus labios quedaron sellados por Sehun, quien los tomó en un beso impaciente.

Todos los músculos del cuerpo de Jongin se estremecieron cuando las lenguas se rozaron en medio del beso apresurado que él y Sehun compartían. Había pasado bastante tiempo desde que ambos no se tocaban de forma íntima y era casi palpable la urgencia con la que se besaban, sin querer romper el contacto. Los ojos semicerrados, las lenguas deslizándose la una sobre la otra, las manos traviesas vagando sin pudor por los cuerpos.

Luhan simplemente observaba a ambos amigos, que permanecían de pie delante de él. Una sonrisa se dibujó en su cara mientras su mano se alzaba y agarraba sin fuerza la toalla que escondía el bajo vientre de Jongin. A continuación, se la arrancó de la piel sin mucho esfuerzo.

El moreno ni se molestó en mirar al rubio y simplemente atrajo el cuerpo delgado de Sehun más cerca de él. Rompió el beso para deslizar la lengua sobre la piel del cuello del otro, y se escucharon suspiros y gemidos en voz baja a modo de respuesta.

—Lu... Luhan, ¿así está bien? —preguntó Sehun, apresando un gemido en su garganta cuando Jongin envolvió su falo y lo oprimió sin fuerza.

—Jongin, chupa un poco a Hunnie... —pidió Luhan, clavando la mirada en el moreno, quien lo miraba con incredulidad.

—Tú...

—No hagas como si no quisieras hacerlo, Jonginnie... —Luhan pronunció el apodo infantil con un gemido y deslizó una de sus manos hacia su propio miembro, dejando la frase ambigua, haciendo que Jongin no entendiese si Luhan se estaba refiriendo al cuerpo de Sehun o al suyo propio—. Chupa sólo un poquito y luego continuaremos los tres...

Jongin suspiró y escuchó una risita que provenía de Sehun; como si él mismo se estuviera divirtiendo con todo lo que Luhan les obligaba a hacer. El moreno se arrodilló en el suelo sin dificultad y envolvió el falo rígido de Sehun entre sus dedos, masajeándolo varias veces y sintiéndolo palpitar en su mano. Sus ojos seguían clavados en Luhan, quien se tocaba en su propia intimidad lentamente, como si lo estuviese animando a seguir con lo que pretendía hacerle a Sehun.

El primer gemido de Sehun rompió el silencio que reinaba en la sala cuando Jongin deslizó la lengua por su miembro por primera vez. El más joven de los tres asió con fuerza el cabello negro de Jongin y cerró los ojos, entorpecido por los escalofríos que atravesaban su espina vertebral mientras el otro circundaba su glande sin prisa, con la lengua.

—Mírame tú también, Hunnie... —pidió Luhan, y Sehun gruñó mientras lo obedecía, girando la cabeza para clavar su mirada en el rubio, que sonreía mientras seguía masturbándose.

La lengua de Jongin se deslizaba sobre el miembro del más joven, sintiendo las pequeñas venas pulsando contra su boca. El líquido preseminal se mezclaba con la saliva y los chasquidos provocados llenaban los oídos de todos ellos, junto con el sonido particular que producía Luhan mientras se masajeaba rápidamente, sentado en la pequeña mesa del centro de la sala.

—Chupa más a Sehun, Jongin, usa más la lengua... —pidió Luhan, tras lo cual se mordió el labio inferior con fuerza.

Jongin obedeció. Aunque fuese extremadamente humillante obedecer a un títere que había sido creado para recibir órdenes y no para ordenar, Jongin chasqueó la lengua dentro de la boca y volvió a rodear el miembro de Sehun con la boca mientras éste gemía en voz alta. Su lengua se movía rápidamente mientras el más joven llegaba poco a poco al clímax.

—Tú también te puedes tocar, Jonginnie... —dijo Luhan con una sonrisa maliciosa, y el moreno obedeció de nuevo, tocándose a sí mismo según el miembro de Sehun entraba y salía de su boca.

Sehun jadeó y gimió en voz alta, tirando con fuerza del cabello de Jongin y forzándose a entrar más en su boca cuando sintió que estaba cerca del fin. El joven de cabello castaño miró a Luhan, como si estuviese pidiendo permiso para eyacular. Y el bonifrate sonrió con malicia.

—Sí, puedes correrte, Hunnie... En la boca de Jongin.

Sehun sonrió y pensó en contestar a lo que el rubio había dicho, tal vez para agradecerle el ser benévolo y dejarlo correrse, pero el clímax llegó antes. Sin aviso previo, Sehun forzó su miembro contra la boca de su compañero de apartamento, hasta llegar a su garganta. De pronto éste comenzó soltar leves sonidos, como si se estuviera atragantando, mientras su boca se llenaba con el semen que expulsó el miembro de Sehun al llegar al orgasmo.

Jongin dejó de tocarse cuando Sehun lo agarró del pelo para obligarlo a colocarse sobre él. El sabor del esperma de Sehun todavía permanecía en la boca de Jongin mientras el más joven volvía a besarlo. Pequeños mordiscos se iban intercalando entre besos, los cuales eran mucho más que una simple presentación para Luhan. Jongin y Sehun se gustaban como amigos y sentían falta el uno del cuerpo del otro; hacía tiempo que no se tocaban.

—Sehunnie, ¿te acuestas en el sofá...? —pidió Luhan en tono de pregunta. Pero, en realidad, era una orden. El muchacho se levantó de la mesita y dio unos cuantos pasos hasta aproximarse a los dos jóvenes más altos.

Sehun obedeció y, en cuestión de segundos, su espalda estaba pegada al cómodo acolchado del sofá. Su abdomen subía y descendía rápidamente, en anticipación a lo que Luhan le había susurrado al oído que ocurriría.

—Hice lo que pediste... —murmuró Jongin, acercándose a Luhan y deslizando las yemas de los dedos sobre el tórax desnudo del joven—. ¿Puedo?

—Todavía no, Jongin... Espera un poco más —dijo Luhan con una sonrisa que transmitía inocencia, aunque lo que estaba haciendo se podría considerar de todo menos inocente.

Jongin sintió un escalofrío en su espina vertebral cuando Luhan palpó suavemente sus nalgas y se alejó. Después se subió al sofá y se arrodilló entre las piernas de Sehun.

—Hyung, ven... —Sehun llamó a Jongin, extendiendo la mano, y el moreno tragó saliva, sin saber qué hacer.

—Lo haremos así, Jongin... —murmuró Luhan, separando aún más las piernas de Sehun y acogiendo su miembro, ya medio erguido, entre sus dedos. Entonces comenzó a masajearlo instintivamente, sin prestar atención a lo que estaba haciendo—. Lo que nos une es Sehunnie, ya que él es mi dueño y tu amigo. Por lo tanto, aquí también será nuestro nexo de unión.

Jongin alzó una ceja, confundido.

—¿Cómo?

Luhan soltó una risita y se mordió el labio inferior al percibir que estaba masturbando a Sehun lentamente. Le divertía escuchar los gemidos ahogados que se desprendían de sus labios.

—¿Te gusta, Hunnie? —preguntó Luhan, riéndose, y ni se molestó en escuchar su respuesta, ya que volvió a dirigir su mirada hacia Jongin, que todavía seguía de pie—. Lo de la unión significa que yo me follaré a Sehunnie por aquí... —explicó Luhan en un tono infantil mientras introducía un dedo en el cuerpo de Sehun sin previo aviso hasta que éste gimió en voz alta como respuesta—, y tú le follarás la boca. Así de simple.


Jongin se atragantó con su propia saliva al escuchar aquellas palabras obscenas saliendo de los rosados labios de aquel pequeño ser humano que mantenía su expresión inocente mientras hablaba. No era que Jongin quisiera obedecer... Pero parecía imposible no hacer exactamente lo que Luhan pedía, cuando su voz sonaba tan dulce, tan delicada, tan... erótica.

—Sehunnie... Como habíamos acordado, ¿verdad? Tú le darás a Jongin exactamente lo que él te dio, mientras yo me encargo de ti aquí abajo... —susurró Luhan, con malicia, acercando su rostro al de Sehun y mordiendo suavemente su labio inferior mientras lo sentía agitarse en su mano, que todavía masajeaba el falo del más joven.

Jongin tragó saliva y se arrodilló en el acolchado, apoyando una rodilla a cada lado de la cabeza de Sehun, con cuidado. Todo su cuerpo temblaba y su corazón latía rápido, con anticipación. Todo aquello parecía un error. El que ellos siguieran las órdenes de un bonifrate de aquella forma era un error.

Pero, al mismo tiempo, también era imposible de resistir.

—Chúpalo, Hunnie... —pidió Luhan, entre susurros, y Jongin lo miró con ojos entrecerrados por ser tan directo con sus palabras. Sehun no preguntó nada antes de alcanzar el miembro tieso de su amigo entre las manos y acercarlo hasta su boca para engullirlo por completo.

Jongin gimió en voz alta al sentir su miembro rozando el fondo de la garganta de Sehun mientras éste comenzaba a usar su lengua, chupándolo y embadurnándolo de saliva. Las manos del moreno, que permanecían apoyadas en el respaldo del sofá, se aplastaron contra el tórax de Sehun mientras sus caderas se movían suavemente, simulando una penetración lenta entre los labios del más joven.

—Chupa... —ordenó Luhan a Jongin mientras extendía los dedos de la mano hacia él—. Es para preparar a Sehun. Además, de esta forma podrás tocarme con tu lengua... ¿No estás feliz, Jonginnie?

El moreno entreabrió sus labios para insultar al títere defectuoso, pero acabó gimiendo en voz alta cuando Sehun rozó suavemente los dientes contra su miembro. El más joven comenzó a lamerlo al mismo tiempo en que le arañaba los muslos; y la mente de Jongin se nubló, sus pensamientos se empañaron y sus acciones se volvieron irracionales.

Jongin apenas se dio cuenta cuando abrió los labios y envolvió los dedos de Luhan con su lengua, atrayéndolos aún más hacia dentro de su boca, chupándolos con vehemencia y humedeciéndolos con su saliva. Luhan sonrió y comenzó a mover sus dedos para tocar las mejillas de Jongin por dentro de su boca, jugando con su lengua.

—Ya basta... —dijo Luhan. El joven retiró sus dedos de entre los labios de Jongin y los condujo directamente hacia la entrada de Sehun, contraída por el nerviosismo—. Relájate, Sehunnie... Si no, te dolerá...

Luhan introdujo un dedo dentro de Sehun y éste jadeó, girando su rostro hacia un lado y dejando de chupar el miembro de Jongin.

—No pasa nada, Hunnie... Simplemente ya has perdido la costumbre, ¿verdad? —murmuró Luhan mientras penetraba a su dueño varias veces con el dedo índice y lo escuchaba gemir en voz baja a modo de respuesta.

Jongin observó a Luhan sin entender cómo era posible que supiera que Sehun no era virgen, y el bonifrate sonrió.

—Sehun-ah me contó que ambos os follabais con frecuencia, Jongin... Por eso se me ocurrió la idea de hacerlo juntos... Hunnie, vuelve a chupar a Jongin. Está muy necesitado. Mira cómo palpita...

Luhan provocaba, sonriendo a Jongin mientras masturbaba a Sehun con una mano y lo penetraba, ahora con dos dedos, con la otra. El moreno se inclinó ligeramente hacia adelante cuando el más joven lo envolvió con los labios de nuevo, chupando su glande hinchado hasta hacerlo estremecer.

—Sehun-ah... —pronunció Jongin, soltando una risita. Aquella situación le parecía ridícula—. ¿De verdad estamos haciendo esto, Sehun-ah?

—En vez de preguntar eso, deberías pedirle que te la chupe más fuerte, Jonginnie... —dijo Luhan en tono malicioso mientras hacía movimientos de tijera en la entrada de Sehun al mismo tiempo en que envolvía su propio miembro, masturbándose rápidamente, extendiendo el líquido preseminal en la extremidad con la punta de su dedo.

—Eres un pervertido, Luhan... —murmuró Jongin, y entonces gimió en voz alta al sentir a Sehun invadir su entrada con un dedo—. Tienes el rostro de un ángel, pero eres un pervertido...

—¿Acaso vosotros no? —preguntó Luhan, cansado ya de preparar a Sehun. Retiró sus dedos y posicionó su miembro en la entrada del más joven, violándolo sin permiso, penetrándolo a la fuerza. Sehun gimió, casi en un grito ahogado por el miembro del moreno en su boca—. Me comprasteis, considerándome un simple juguete para vuestra diversión. Y aquí estoy, divirtiéndoos, ¿no? Es mi trabajo. Me entrenaron para esto. Vosotros sois los pervertidos, Jonginnie... Tú y Sehunnie.

Sehun jadeaba y su abdomen se contraía mientras Luhan lo penetraba sin mucha fuerza, pero sí aumentando la velocidad en cada estocada. Para aliviar el propio dolor que sentía, Sehun penetraba a Jongin con dos dedos al mismo tiempo en que lo masturbaba y chupaba la punta de su miembro. Como respuesta, el moreno arañaba su pecho.

Luhan se divertía viendo a los dos amigos sumisos frente a él. Al final, tal vez no fuese tan mala idea tenerlos como dueños, ya que Luhan se sentía más dueño de ellos que al contrario.

Luhan gemía, extasiado al notar el interior de Sehun contrayéndose a su alrededor, tratando de expulsarlo. Eso hacía que el joven sintiese cada vez más ganas de penetrarlo con fuerza y llegar hasta el fondo. El miembro de Jongin se deslizaba por el rostro de Sehun mientras éste lo masturbaba, sin fuerzas para chuparlo.

—¿Quieres tocarme, Jongin? —preguntó Luhan, chocando su cuerpo contra el de Sehun, provocando un sonido fuerte.

El moreno asintió con la cabeza, humedeciendo sus labios secos con la lengua. Estaba próximo al fin y sabía que con Sehun masturbándolo y penetrándolo con sus dedos no aguantaría mucho más tiempo.

—Dame la mano... —pidió Luhan. Jongin obedeció, extendiendo la mano derecha con dificultad. El rubio sonrió y envolvió la mano del moreno entre la suya y la condujo hacia el miembro de Sehun, que palpitaba pidiendo un nuevo alivio—. Lo haremos juntos, ¿te parece?

Los sonidos de la saliva chasqueando en la boca de Sehun contra el miembro de Jongin eran fuertes, pero no tanto como los de los cuerpos de Luhan y Sehun chocando entre sí. Algunos gemidos inconexos salían de la boca de todos, principalmente de los carnosos labios de Jongin, que suplicaban que Sehun lo chupase con fuerza hasta correrse.

—Eres tan apretado, Hunnie... Apuesto a que su boca también es pequeña, ¿verdad, Jongin? —preguntó Luhan en tono malicioso, y Jongin asintió con la cabeza, jadeando.

—Tu boca es deliciosa, Sehun-ah...

Luhan sonrió satisfecho y notó que el interior de Sehun se contraía cada vez que decía alguna frase malintencionada. El bonifrate se aseguró de susurrar algunas frases que implicaban lo follable que era Sehun, sólo para contemplarlo cerrándose en torno a él, gimiendo en voz alta y chupando con más ganas a Jongin, con las mejillas encendidas de vergüenza.

Jongin fue el primero en correrse. Todo su cuerpo se contrajo cuando el semen abandonó su miembro y llenó la boca de Sehun con su sabor amargo. Incluso su mano, que seguía masajeando a Sehun, acabó por ejercer un poco más de fuerza, y éste gimió alto a modo de respuesta.

Luhan, divirtiéndose, deslizó su pulgar sobre el glande de Sehun, esparciendo el líquido preseminal con rapidez hasta que el propio Sehun arqueó la espalda y abrió los labios, dejando escapar un largo gemido. Los dedos de Luhan quedaron humedecidos con el líquido viscoso y el joven sonrió al chupar sus propios dedos, mientras gemía y se reía de pura excitación al notar el interior de Sehun contrayéndose repetidas veces, casi ahogándolo, como si lo quisiera prender dentro de él.

Luhan lo penetró unas cuantas veces más, con fuerza, hasta que llegó su propio orgasmo. Entonces se acostó sobre el cuerpo de Sehun y hundió su rostro en el tórax del más joven mientras se corría en su interior. Jongin se apartó de Sehun, se levantó del sofá y se sentó en el suelo, respirando con dificultad mientras su cuerpo seguía temblando.

—Eres delicioso, Hunnie... Mi dueño, mi Hunnie... —dijo Luhan, mirando de vez en cuando a Jongin de reojo, para provocarlo, mientras envolvía los labios de Sehun con los suyos y lo besaba de nuevo, envolviendo sus lenguas en un beso urgente y fragoroso.

Luhan mordió ligeramente el labio del chico que tenía debajo de él y salió de dentro de su cuerpo entre protestas.

—Tú también has estado genial, Jongin. Me chupaste los dedos muy bien, sí señor... —dijo Luhan, con desdén, en tono de broma cruel, mientras ponía los pies en el suelo y comenzaba a caminar en dirección al baño, dejando a ambos amigos solos en la sala.

Sehun todavía estaba acostado en el sofá, mirando hacia el techo y respirando con dificultad, mientras Jongin permanecía sentado en el suelo, con la mirada fija en la puerta cerrada del baño, donde Luhan había entrado.

—Nos está usando... —murmuró Jongin, molesto, suspirando pesadamente e irritado por haberse dejado llevar por el bonifrate—. Nosotros lo compramos, pero al final su defecto está haciendo que nos comportemos como títeres....

—Parece él nuestro dueño y no nosotros el suyo, hyung... —murmuró Sehun y Jongin se echó a reír, volviéndose hacia el más joven.

La mano de Jongin acarició el cabello castaño de Sehun durante unos segundos, hasta que sus carnosos labios dibujaron una sonrisa maliciosa en su rostro.

—No por mucho tiempo, Sehun-ah... Hoy ha sido la última vez que Luhan nos trata como si fuese nuestro dueño —Sehun alzó una ceja, confundido, y la sonrisa de Jongin se ensanchó—. Le enseñaremos a Luhan lo bueno que es obedecer.

Sehun sonrió. Por fin lo había comprendido.

Jongin y él se encargarían de corregir el defecto de Luhan...

El títere defectuoso los obedecería.

Por las buenas o por las malas.


C O N T I N Ú A
Tags: !fanfic: exo, Subversión, Subversão, golden trio, hunhan, kailu, sekai, sekailu
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