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[EXO-fic / TRAD] SODOMÍA: Capítulo Uno - La presa y el depredador

Y aquí llega el primer capítulo de una serie de cinco :D Espero que os guste mucho, que la disfrutéis y que me digáis qué tal porque es la primera vez que traduzco del portugués textos de este tipo ;_;
Antes que nada, también dar las gracias a Anna y Carol (las autoras) por permitirme traducirlo, por ser tan monas <3 y por resolverme las dudas durante la traducción. Y obviamente, a Carmen kimjoonmyeon por ser mi revisora personal y ver que todo suene natural en español *_* ¡Ah! ¡Y a Erika! Gracias a ella descubrí Sodomia <3

Y ahora... ¡buena lectura!


Capítulo escrito por: Anna
Capítulo beteado por: Carol
Traducción del portugués: deernicorn
Revisión: kimjoonmyeon


LA PRESA Y EL DEPREDADOR

SODOMÍA
Capítulo Uno - La presa y el depredador


        Eran las once de la noche, y el último tren saldría de la estación más próxima del trabajo de Kyungsoo en menos de media hora. El joven, de 23 años, se asustó al mirar el reloj de pared de la sala de descanso en la que se encontraba y se levantó apresurado, juntando los papeles de algunos diagnósticos que estaba estudiando y metiéndolos sin delicadeza dentro del primer cajón de la mesa que usaba. Kyungsoo corrió rápidamente hasta el vestuario para darse una ducha y cambiarse la ropa blanca por algo más casual.

Cuando salió corriendo sin aliento por los pasillos, diciendo un breve «¡hasta el lunes!», nadie se molestó ni en mirarlo. Los demás enfermeros no lo apreciaban, aunque él trabajase duro y siempre fuese el único entre sus compañeros de enfermería que hacía turnos de casi 18 horas al día en el hospital en el que trabajaba.

Aunque sólo estuviese en período de prácticas.

El guardia de seguridad que estaba fuera del edificio se despidió con un «buenas noches» cuando el joven chico pasó junto a él, corriendo con un pequeño pastel metido en la boca y una botella de agua en la mano. Kyungsoo corría sin parar para tomar aire, ya que el tren jamás esperaba a los que llegaban tarde. Y en caso de que perdiese el último tren, tendría que dormir en la propia estación o ir caminando hasta su casa.

Y ninguna de las dos opciones le parecía buena.

Eran las once y media de la noche cuando Kyungsoo entró en el túnel subterráneo que llevaba a la estación de tren. Corría deprisa, con la mochila colgando pesadamente, tirando de él y haciéndole perder el equilibrio. El joven nunca había sido atlético, así que aquellos minutos de carrera lo estaban dejando sin aliento. Kyungsoo, con el corazón acelerado en el pecho, juraría que se iba a caer redondo al suelo en cualquier momento.

Cuando Kyungsoo terminó de bajar un sinfín de escaleras y pisó el suelo de la estación, vio que el tren ya estaba en el túnel y avanzaba en dirección opuesta a él, desvaneciéndose en las sombras. El tren ya estaba tan lejos que Kyungsoo ni siquiera echó a correr tras él. No valía la pena el esfuerzo.

Kyungsoo estaba jodido.

••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Kai estaba aburrido.

Ya se había alimentado esa noche, pero seguía con ganas de jugar con otra víctima. Su última presa había sido tan escandalosa que no había podido divertirse todo lo que quería antes de matarla. Además, la mujer parecía tener menos sangre de la normal corriendo por sus venas, ya que después de haberla drenado, seguía sintiendo hambre.

Pero bueno, él ya debería haberse imaginado que pasaría eso. Al fin y al cabo, el hambre de Kai jamás tenía fin.


••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Kyungsoo pensó seriamente en sentarse en el suelo de la estación vacía y echarse a llorar. No es que eso fuese a solucionar algo, pero el chico estaba verdaderamente decepcionado con el rumbo de su vida. Tenía que afrontar un hecho: su vida era deplorable.

Kyungsoo no tenía amigos —no verdaderos, al menos—, sus padres no se preocupaban por él ni contestaban sus llamadas desde hacía más de cuatro años, y su empleo era ridículo. Él sonreía a todos en el hospital, pero todos sus compañeros lo trataban con indiferencia. Kyungsoo quería ayudar a las personas, pero difícilmente le dejaban acercarse a los pacientes y lo único que le daban eran diagnósticos para que hiciese interminables informes.

El joven suspiró cansado, frotándose los ojos que ya le ardían por las insistentes lágrimas. No derramó ninguna, y se limpió el rostro con la manga de la camisa que llevaba. Ahora tenía dos opciones: dormir allí mismo o irse a casa caminando. No podía volver al hospital, pues si su jefe lo viese durmiendo allí, de nuevo, lo despediría; y tampoco iba a dormir en el suelo de la estación, ya que correría el riesgo de que lo confundiesen con un mendigo. O, peor aún, que alguna rata pasase por encima de su cuerpo.

No es que Kyungsoo ya hubiese visto alguna en la estación, pero sabía que estaban ahí, observándolo. Prácticamente podía sentirlas.

Suspiró cansado, se ajustó la mochila y empezó a subir la larga escalera que lo conduciría a la calle. Le quedaba una buena caminata por delante porque su apartamento estaba por lo menos a dos horas de camino de donde se encontraba. Ni se preocupó en mirar en el móvil qué hora era. Ya estaba lo suficientemente cansado y su único consuelo era recordar que al día siguiente podría dormir hasta tarde. Tenía el fin de semana libre y trataría de pasar los dos días descansando.

Solo.


••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Kai caminaba por las calles de Seúl, sin rumbo. Llevaba un abrigo negro, aunque fuese otoño. El viento frío chocaba contra la piel de su rostro, pero no le causaba ningún escalofrío, pues ya estaba lo suficientemente helada. A decir verdad, a Kai nada le causaba escalofríos desde hacía mucho, mucho tiempo. Estaba empezando a pensar que había perdido la capacidad de desarrollar sentimiento alguno y que su sensibilidad se había ido desvaneciendo durante los muchos siglos de su existencia. Pero tampoco es que eso le importase, realmente...

El niño de apariencia joven estaba más preocupado en encontrar a su próxima víctima.

Sus principales objetivos eran prostitutas, ya que era extremadamente fácil atraerlas hacia su apartamento. El problema era que su preferencia ya estaba empezando a llamar la atención de los periódicos; tanto que una de las principales noticias del día anterior había sido las muertes misteriosas de dos damas de la noche, que tenían marcas en sus cuellos como las que dejaban los vampiros.

Eso era lo último que le faltaba a Kai... que le llamasen vampiro.

Se pasó las manos por el cabello negro de forma nerviosa; ya estaba empezando a impacientarse. ¿Por qué diablos sólo había prostitutas en la calle a esa hora? Estaban deseando morir, ¿no? Debían de estar sintiendo que hoy Kai no podía escogerlas y lo querían torturar mostrándole parte de sus cuerpos.

¿Has estado aquí antes, cariño? —gritó una de las prostitutas, riendo, cuando Kai pasó por una esquina llena de dichas damas. Él la ignoró y prosiguió su camino.

Al doblar la esquina, por fin la vio. Su próxima comida estaba justo delante.

Kai disfrutaba devorando hombres, incluso más que a mujeres. Tenía preferencia por los varones jóvenes, altos y de gran belleza. Incluso dudó un poco en si debería alimentarse del chico que tenía frente a él, mucho más bajo que el propio Kai y de piel tan blanca que podría confundirse con un cadáver, si no fuera porque estaba caminando. Pero en el fondo, a Kai le pareció adorable.

Adorablemente apetitoso.

El muchacho caminaba lentamente por la calle, mirando al suelo, cabizbajo. Parecía estar murmurando para sí mismo, y Kai se preguntó si sería un fugitivo del único hospital psiquiátrico de la ciudad. Kai aceleró el paso, adelantando al joven furtivamente y deteniéndose delante de él.


••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Kyungsoo ya había caminado por lo menos una hora cuando sintió que su cuerpo chocaba contra algo. No estaba preparado para el choque y acabó dando unos pasos hacia atrás con torpeza, hasta caer al suelo poco después. Frente a él estaba de pie un hombre mucho más alto que él, con una sonrisa dibujada en sus gruesos labios, desbordando encanto. Llevaba un abrigo negro y la luz amarilla de los focos de la calle le daban un tono de piel bronceado; le recordaba a esas estatuas de dioses griegos que Kyungsoo tanto admiraba cuando leía libros de historia.

Kyungsoo sintió calor en sus mejillas.

Perdón —dijo el hombre que tenía enfrente, ofreciéndole la mano—. No te había visto.

Kyungsoo no tenía forma de saber que el hombre le estaba mintiendo, y sonrió, aceptando su mano. Cuando se puso de pie, trató de limpiar el polvo inexistente de su ropa, antes de mirar al desconocido y sonreírle.

Ah, no pasa nada. Soy yo, que soy un torpe —dijo el menor.

Kyungsoo le hizo una reverencia y continuó rápidamente con su trayectoria, acelerando el paso. No es que tuviese miedo del joven con el que se acababa de encontrar, sino que quería esconder el rubor que había aflorado en sus propias mejillas debido a la belleza del desconocido.

Kai sonrió satisfecho y comenzó a seguir a su presa.

Estás solo —dijo justo detrás de Kyungsoo, quien le lanzó una mirada por encima del hombro, sin detenerse.

Sí —respondió Kyungsoo, y añadió, aunque Kai no le hubiese hecho ninguna pregunta—: Perdí el tren y tengo que volver caminando a casa.

¿Por eso estás caminando solo de madrugada? —Kai esbozó una sonrisa que Kyungsoo no percibió—. ¿Acaso no sabes que la noche es peligrosa?

Kyungsoo empezaba ya a sentirse incómodo por la presencia —y belleza— del desconocido, y cuando se giró para echarlo, se dio cuenta de que había desaparecido. El muchacho, asustado, giró varias veces en torno a su propio eje, buscando al joven con el que había intercambiado algunas palabras.

¿Se había vuelto loco y lo había imaginado todo?

El enfermero empezó a correr y salió de la avenida principal para entrar en una callejuela que lo conduciría a casa. El edificio en el que vivía quedaba a unos minutos de distancia cuando sintió que algo tiraba de su brazo hacia atrás. Se sintió oprimido contra la pared frontal de algún inmueble público y, cuando su frente chocó contra el mármol, sintió un dolor agudo y mareos. Unas hábiles manos le arrancaron la mochila de la espalda y retuvieron sus brazos hacia atrás, mientras un cuerpo lo apresaba contra la pared.

No debías estar caminando por ahí solo de noche... —la misma voz del desconocido de unos minutos atrás sonó contra su oído, haciendo que sintiese escalofríos.

Mi cabeza... Me duele... —Kyungsoo gimió y el desconocido liberó uno de sus brazos. El joven se llevó la mano a la cabeza, a donde le dolía, y apretó, tratando de aliviar el dolor agudo.

Perdón, es que me estabas provocando... siendo tan adorable y apetitoso... —gimió Kai contra el oído de Kyungsoo, y el menor apoyó la mano contra la pared para sostenerse.

Kai sostuvo uno de los brazos de Kyungsoo contra su espalda y lo apresó contra la pared, su mano ascendió lentamente por el tronco del menor, subiendo por su abdomen, el pecho y el cuello hasta llegar al rostro del mismo, quien todavía parecía aturdido por el golpe contra la pared.

Kyungsoo sintió que sus piernas flaqueaban cuando el hombre —todavía desconocido— posó su mano libre sobre sus ojos para cegarlo. El cuerpo del menor se relajó y Kai soltó su otro brazo y lo aprisionó todavía más contra el helado mármol. Kyungsoo ahora mantenía ambas manos contra la pared, intentando mantener el equilibrio mientras Kai lo envolvía posesivamente.

¿Estaba sucediendo de verdad?

¿Qui... quién eres? —gimió Kyungsoo, aún ciego por la mano del desconocido.

Aquel que te va a matar —Kai sonrió antes de hundir sus colmillos en el cuello de Kyungsoo, cuyo grito de dolor quedó amortiguado por la mano de Kai que antes le cubría los ojos. Kai introdujo sus dedos dentro de la boca de Kyungsoo y le impidió producir cualquier sonido más allá de puros gemidos.

Del cuello blanco de Kyungsoo brotaba sangre, que Kai trataba de chupar y lamer, sin dejar escapar ni una sola gota. Kai retiró los dedos de la boca de Kyungsoo cuando notó las lágrimas del muchacho en contacto con su piel. El asesino se contuvo y decidió no matar allí mismo a su víctima.

Cuando perdió el conocimiento, Kai lo cogió, agarrándolo por el cuello para poder verle la cara. Era verdaderamente adorable, pensó el asesino, mientras observaba las delicadas facciones de la cara de su víctima. No podía esperar para devorarlo de todas las formas posibles.

Kai cogió en brazos el cuerpo desfallecido, apretando contra la palma de su mano las dos aberturas que había en el cuello de Kyungsoo, de donde incluso manaba un poco de sangre. Agarró una de las asas de la mochila de su víctima y la recogió del suelo, sosteniéndola débilmente, tratando de mantener a su presa lo más cerca posible de su cuerpo.

Kai sonrió y caminó en dirección a su casa, estrechando posesivamente su comida entre sus brazos.

••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Cuando Kyungsoo abrió los ojos, todo estaba muy oscuro.

Primero dudó que estuviese vivo, pero después de parpadear un par de veces empezó a acostumbrarse a la oscuridad y pudo percibir que estaba en una habitación desconocida. Se llevó la mano al cuello dolorido, y sintió el tacto de algo que parecía ser una tirita. Se pasó los dedos suavemente por el lugar y se dio cuenta de que tenía vendas envolviéndole el cuello, como si fuese un collarín.

El menor gimió de dolor cuando hizo un gran esfuerzo para sentarse en la cama blanda en la que había estado acostado. Seguía parpadeando a menudo, tratando de identificar dónde se encontraba. ¿Era la casa de algún conocido? ¿Era un hospital?

Buenos días —una voz sonó a poca distancia de él, y sus ojos se abrieron mucho para mirar a la figura desconocida, que casi se fusionaba con la oscuridad debido a las sombras que llenaban todo el espacio—. Puedes encender la lamparita, si quieres.

Kyungsoo entrecerró los ojos, tratando de identificar dónde estaba la lámpara, y cuando la encontró sobre una mesita junto a la cama, la encendió. La luz quemó sus ojos y soltó un quejido antes de desviar la mirada. Ahora ya podía reconocer que efectivamente estaba en un cuarto. La ventana permanecía sellada con telas oscuras, y en el suelo había algunas marcas que parecían de sangre seca.

Tú eres el tipo de antes... —dijo Kyungsoo en voz baja cuando se dio cuenta de que el mismo chico que lo había atacado previamente estaba sentado frente a la cama, mirándolo con una sonrisa.

Ya no llevaba puesto el abrigo, sino una camiseta blanca que dejaba ver sus fuertes brazos. Kyungsoo percibió algo que debían de ser tatuajes en ambas muñecas del hombre. Parecían cadenas.

Sí, soy yo —dijo Kai pausadamente, como si estuviese hablando con un niño. Kyungsoo apartó la mirada de las muñecas del desconocido y sus miradas se encontraron.

Tú... Tú me mordiste —dijo Kyungsoo en un susurro mientras forzaba los ojos, intentando recordar lo que había ocurrido justo antes de desmayarse.

Sí, te mordí — Kai sonreía, dejando visibles sus caninos protuberantes. Aún trataba al menor como si tuviese algún retraso mental.

Y... ¡me chupaste la sangre! —Kyungsoo casi gritó, apuntando a Kai de forma acusatoria cuando recordó lo que había ocurrido.

Sí, te la chupé —Kai se rió al ver cómo actuaba su víctima; era realmente adorable.

¿Por qué lo hiciste? —Kyungsoo colocó ambas manos en su cuello, como si lo estuviese protegiendo—. ¿Eres un vampiro?

Kyungsoo no creía en vampiros, fantasmas, hombres-lobo o cualquier otra cosa sobrenatural, pero no estaba de más preguntar, sólo para asegurarse.

¿Vampiro? —Kai alzó ambas cejas—. No. Me alimento de sangre, pero no soy un vampiro.

Kyungsoo suspiró aliviado. Pero al reflexionar sobre sus palabras, se dio cuenta de que no debería sentirse aliviado.

¿Qué eres, entonces? —preguntó Kyungsoo confundido, mirando al chico que lo había atacado, aunque le seguía pareciendo extremadamente atrayente.

Es difícil de explicar —Kai se pasó una mano por entre su cabello negro de forma casual, mientras se humedecía los labios con la lengua.

Para Kai aquel gesto era meramente casual, pero Kyungsoo sintió una palpitación en su zona íntima y los pensamientos que pasaron como un relámpago por su mente lo asustaron. Él y el chico, desnudos, con Kyungsoo entre las piernas del desconocido, gimiendo.

¡No! —gritó Kyungsoo; Kai se asustó y dio un pequeño respingo en la silla. El menor permanecía con los ojos cerrados y cuando los abrió vio que el desconocido seguía vestido, y que había imaginado una escena de sexo ente ambos. Kyungsoo sintió que sus mejillas ardían.

¿Qué pasa? —preguntó Kai, al ver que su víctima parecía estar luchando dentro de su propia cabeza. Kyungsoo suspiró.

No es difícil explicar lo que eres —dijo Kyungsoo por fin, y Kai sonrió, ya que le parecía interesante pensar en la teoría que su víctima expondría a continuación—. Estás loco. Eres un loco homicida que probablemente huyó del hospital psiquiátrico.

¿Loco? —el joven que había atacado a Kyungsoo parecía sorprendido, pero enseguida soltó una risa débil, ya que encontraba aquello muy divertido—. Me han llamado muchas cosas, pero nunca me habían dicho loco.

Kyungsoo rió con cinismo. Era él quien debía de estar loco para estar conversando con un tipo que lo había atacado y que, además, lo había secuestrado.

¿Qué suelen llamarte? —preguntó Kyungsoo con sarcasmo.

Kai sonrió y se levantó de la silla, aproximándose a la cama. Kyungsoo, al notar el movimiento del otro, se echó hacia atrás con dificultad, hasta que su espalda tocó la cabecera de la cama. El más alto apoyó sus rodillas en el colchón y se aproximó a gatas, lentamente, hasta donde estaba él. Una sonrisa obscena se dibujaba en sus labios, mientras el rostro de Kyungsoo adoptaba un color carmesí.

Desesperado, el más bajo levantó el pie para evitar que el otro prosiguiese en su avance, pero eso sólo sirvió para que Kai se echase a reír; capturó el pie de Kyungsoo con una mano y depositó un beso en él. Asqueado, Kyungsoo retiró el pie rápidamente, pero Kai lo atrapó. El enfermero tenía las piernas dobladas frente a su tronco, pero Kai se las separó con fuerza e invadió su espacio personal, juntando sus cuerpos.

Kyungsoo respiraba con dificultad y miraba al frente con los ojos muy abiertos, evitando intercambiar miradas con el hombre al que él consideraba un loco. Kai inclinó su cuerpo hasta que sus labios encontraron el rostro de Kyungsoo, quien no se mostró demasiado reacio al contacto.

¿Quieres saber cómo me llaman? —preguntó retóricamente a Kyungsoo, dándole pequeños besos en las mejillas—. Principalmente, asesino.

Kyungsoo alzó la cabeza hacia Kai y sus ojos se encontraron. El más alto aproximó su rostro al de Kyungsoo hasta que casi no hubo distancia entre ellos.

Pero tú me puedes llamar Kai —susurró el más alto contra sus labios, antes de atacarlos.

Kai besó sus labios con urgencia, pasando la lengua entre ellos y mordiéndoselos suavemente en un intento de que Kyungsoo le permitiese el paso. Éste soltó un suspiro y esa fue la señal para que Kai profundizase el beso, introduciendo su lengua rápidamente entre los labios de Kyungsoo. El asesino sostenía la cara de su víctima con ambas manos, sin darle la oportunidad de escapar.

Y aunque estaban abusando de él, Kyungsoo no podía decir que el beso le repugnase. Apenas había tenido una relación en toda su vida y sentía la necesidad de ser besado. El menor comenzó a corresponder el beso, enroscando su lengua con la de Kai, chupando sus labios y emitiendo leves gemidos contra la piel del mayor.

Los sonidos provocados por el beso estaban empezando a sonar demasiado eróticos y Kyungsoo comenzó a sentir molestias en su zona íntima. No podía creerlo: estaba excitado. Kai sonrió victorioso cuando separó sus labios de los de Kyungsoo, quien mantuvo los ojos cerrados unos segundos más antes de abrirlos y encarar a quien acaba de besar.

Kai no se pudo resistir a la cara sonrojada y los labios hinchados y húmedos de su víctima, y se acercó a Kyungsoo, sellando sus labios una vez más, solo por el placer de chupar y luego morder el labio inferior del menor.

¿Por qué haces esto? —preguntó Kyungsoo antes de chupar su propio labio inferior, notando el sabor del otro una vez más.

Porque me gusta jugar con la comida —respondió Kai con una media sonrisa.

Ah, ¿me vas a comer? —preguntó Kyungsoo, alzando una ceja y echándose a reír a continuación. Pero Kai no se rió con él.

—Kai volvió a aproximarse a él, abrazándolo y pasando su lengua suavemente sobre la piel caliente de la mejilla del menor. A Kai le encantaba la piel de Kyungsoo, caliente y suave en comparación con la suya, helada y áspera—. Te voy a comer de todas las formas posibles.

Kyungsoo ya no se reía y todos sus músculos estaban tensos debido a los toques de Kai. Estaba en manos de un verdadero chiflado.

¿Tu nombre es Kai? ¿O es sólo un apodo? —preguntó al final.

Es el nombre que adopté hace mucho, mucho tiempo. Acabé olvidándome de mi verdadero nombre con el paso de los años... —Kyungsoo se estremeció al sentir el roce de las puntas de los dedos de Kai sobre las vendas de su cuello. — ¿Y tú?

Kyungsoo desvió la mirada y no respondió. Kai llevó sus labios hasta la oreja del menor, atacando el lóbulo de la misma con chupetones. El enfermero le pidió entre jadeos que parase, pero sus peticiones no hicieron más que despertar el lado perverso de Kai, quien deslizó la mano por su tronco hasta alcanzar el miembro de Kyungsoo, y lo apretó levemente.

¡Kyungsoo! —el menor gritó su nombre para que el otro dejase de hacer lo que estaba haciendo. Pero antes de que Kai retirase la mano del miembro del menor, se aseguró de deslizar los dedos por su erección unas cuantas veces, arrancándole un gemido.

¿Ves como no era tan difícil? —preguntó Kai con una sonrisa en los labios, alejándose de Kyungsoo y bajando de la cama. El menor se encogió de piernas una vez más, intentando esconder su evidente erección. No era que Kai no supiese ya que lo había excitado, pero Kyungsoo pensó que debía conservar el poco orgullo que le quedaba.

De todos modos, ¿qué estaba sucediendo? ¿Qué tenía Kyungsoo en la cabeza? ¿Tenía Síndrome de Estocolmo o algo parecido? El menor se cubrió la cara con las manos cuando Kai salió de la habitación, cerrando la puerta. Estaba tan cansado y tenía tanta hambre...

¿Qué más quería de él? ¿El pago de un rescate? Porque si era eso, debería saber que no iba a ganar nada. Y esa historia de que lo iba a matar ya estaba empezando a perder la gracia. ¿Acaso se trataba de una broma de algún compañero de trabajo?

Kyungsoo no dudaba de esa posibilidad.

Eres un prostituto que mis compañeros han contratado para follarme, para poder burlarse de mí en el hospital, ¿no? —preguntó Kyungsoo en cuanto Kai regresó con una botella de agua y un plato con un bocadillo en la mano. El shock de la pregunta hizo que a Kai se le cayese lo que llevaba en la mano.

Kai prácticamente lanzó la comida sobre Kyungsoo para sentarse en la silla que había frente a la cama, riéndose. ¿De dónde había quitado su presa esa idea tan ridícula?

¿De qué te ríes? Estoy hablando en serio —dijo Kyungsoo, irritado, formando un puchero involuntario con los labios.

Come. Seguro que tienes hambre.

No. Seguro que está envenenado — Kyungsoo empujó el plato con el bocadillo lejos de él.

¿Por qué iba a envenenar mi comida? —preguntó Kai alzando una ceja.

¿Cómo que tu comida? Pensé que lo habías traído para que me lo comiese yo, no t... —Kyungsoo no logró terminar su frase, ya que Kai lo interrumpió.

No estoy hablando del bocadillo. Estoy hablando de ti, Kyungsoo. No tengo por qué envenenarte si tú serás mi comida más tarde.

Las miradas de ambos estaban fijas en el otro y ninguno sonreía. Kyungsoo comenzó a creer que Kai no estaba bromeando cuando hablaba de matarlo.

Si me vas a matar de todas formas, ¿por qué te molestas en alimentarme? —preguntó, serio.

Porque si estás muy flaco, morirás pronto; y odio cuando la diversión se acaba rápido.

Kyungsoo desvió la mirada y se puso a comer el bocadillo, dándole grandes bocados. Abrió la botella de agua y bebió el líquido con ganas, pues su garganta estaba tan seca que hasta el simple hecho de hablar le producía dolor.

¿No vas a gritar, llorar, tratar de huir o suplicar por tu vida? —preguntó Kai de pronto, levantándose de la silla y volviendo a caminar a gatas sobre la cama, deteniéndose de rodillas a unos centímetros de Kyungsoo.

¿Conseguiría algo con eso? —preguntó Kyungsoo dejando la botella y el plato vacío en el suelo.

No. No conseguirías nada —respondió Kai con sinceridad.

¿Entonces para qué quiero intentar huir?

Es que es divertido perseguir a mis presas... —respondió Kai, haciendo pucheros y mirando hacia arriba, como si estuviese recordando algún hecho del pasado.

    Kyungsoo se echó a reír y Kai comenzó a pensar de verdad que había capturado a un loco fugado del manicomio. Durante toda su existencia, Kai había matado y se había alimentado de innumerables personas y todas, todas, habían implorado por sus vidas. Mirando los ojos del menor, Kai notaba que no le tenía miedo. Y eso no le estaba gustando nada.

      — Al menos deberías temerme... —Kai hizo un puchero más grande con los labios, infantilmente.

      — Por el momento creo que eres un lunático que secuestra gente a medianoche, abusa de ella y dice que la va a matar porque, como he dicho antes, está completamente loco. Dime quién eres y cuál es tu historia y entonces te diré si te temo o no —dijo Kyungsoo con sinceridad; Kai esbozó una sonrisa maliciosa.

      — Muy bien. Sólo si me prometes que después me hablarás de ti, Kyungsoo —dijo Kai, levantando el brazo y tocando levemente el cuello de su presa, aún envuelto en vendas.

      — Hecho.

      Kyungsoo se encogió y Kai dejó de tocarlo. Ahora estaba intrigado consigo mismo. ¿Por qué motivo quería conocer mejor a su víctima? Debería estar encima de Kyungsoo ahora, follándoselo y absobiéndole la vida lentamente a través de las venas, y no hablando con él. ¿Acaso estaba perdiendo la cordura?

      — Muy bien —comenzó a decir, tratando de ignorar sus instintos de arrancarle la ropa a Kyungsoo y comérselo vivo—. Comencemos por el hecho de que no soy un vampiro. Soy un condenado...

      Kai, por un momento, sintió que era él quien se estaba volviendo loco. Kyungsoo era la primer víctima a la que le hablaba de su pasado, tan lejano que el moreno no conseguía recordar detalles o nombres, ni siquiera el suyo propio. ¿Por qué estaba cediendo ante su presa y dándole la información que pedía?

      Porque Kai ya había probado un poco el sabor de Kyungsoo. Y él era adorable.

      Adorablemente delicioso.
C O N T I N Ú A

Tags: !fanfic: exo, sodomia
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